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La gente genial no pide ayuda [Priv. Iván]

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La gente genial no pide ayuda [Priv. Iván]

Mensaje por Gilbert Weillschmidt el Vie Feb 01, 2013 3:09 pm

Aquel día hacía algo de frío y había algo de nubes en el cielo. No es algo a lo que él se quejara, por el contrario, lo prefería, no obstante, la propia estimación era exigua a lo ameritado que comúnmente efectuaba. Era su primer día en el campus, Gilbert volvió a maldecir por milésima vez, contemplando su entorno, sin habituarse en la edificación que eventualmente, frecuentaría de hoy en adelante. Se veía solo sin haberse dado cuenta, abandonado por su “padre”, le dio igual, encogiéndose de hombros en el momento, para proseguir su ˗Asombroso˗ recorrido turístico por los alrededores.

Los jardines eran ciertamente cuidados, lo apreció perfectamente, era culpa de su hermano el que adquiriera conocimientos sobre la jardinería, no era una de las cosas las cual tuviese el lujo de presumir frente a todos y aseguraba que Ludwig tampoco, intentó despejar su pensamiento, las flores y la jardinería eran de nenas… Sin embargo, le causó reflexionar dónde dejaba eso a su hermano, tragó en seco, ojalá nunca le dijese a nadie aquello ˗por no decir que se avergonzaba de su hermano˗. La estructura de los edificios finamente cuidada y elegante, había trabajo y esmero en ellos, a lo cual irónicamente sentía ganas de destruir o arruinar, supuso que era defecto natural, no es que le gustara el desorden, pero el albino se sintió más de una vez incómodo en lugares así, no le iban esa clase de “sistemas” de trabajo, integrando una colectividad definitivamente no le iba, prefería hacer las cosas solo, o en todo caso: Mandar, pero para desgracia suya, la gente no entra en razón tan fácil, sobre todo cuando es alguien patético y menos awesome que él ˗ya había discutido con el director del plantel, siendo referido como “chico problemático” lo cual le pareció una estupidez˗.

Resignado, decidió entrar a los edificios, sin saber a cuál era cuál y qué función llevaban o si eran los dormitorios inclusive. Era sábado, por lo que no divisaba a muchos individuos en la institución a lo que conjeturaba que debía poseer. No llevaba el uniforme escolar, se percató de que llamaba la atención, sonrío con arrogancia, le agradaba el interés ajeno de fijarse en él y mirarle como inalcanzable, porque eso era según él: Inalcanzable y sumamente awesome. Llevaba unos jeans algo holgados y rasgados (ya había olvidado si quiera cómo llegaron a ese estado), con una cadena adornando parte de ellos, sus inconfundibles converse negros, una camisa manga larga azul oscuro y una delgada chaqueta negra encima algo abierta, su cabello como era de esperarse estaba igual a como se había despertado, despeinado, sus manos las llevaba en los bolsillos de su pantalón, intentando fallidamente en darles calor, odiaba que se encontraran tan frías.

Al encontrarse frente al primer edificio entró con su típica naturalidad y confianza, no dejándose intimidar por nada ante las miradas de reproche que recibía al no decir “buenos días” al menos, la gente con autoridad mayor a la suya posería actitud arrogante, irresistiblemente la necesidad por llevarle la contraria más de una vez, acrecentaban acentuándose visiblemente: Él, y sólo Gilbert Weillschmidt ponía obediencia y modales externados cuando le pegaba en gana sin que alguien más se lo mencionara.

El solitario pasillo se enmarcó, siendo esclarecido por la luz que traía la corriente eléctrica, los salones igual de vacíos (o eso lograba ver, no se asomaba demasiado), intentó memorizarlos y proseguir su recorrido viéndose hasta el final, era el plan de su día, volvería con su padre y arreglaría asuntos con él antes de volver al campus de nuevo. Sonrío anchamente, soberbio, al final, podía estar solo, sin nadie jodiéndole la existencia, podía cuidarse solo, era demasiado genial para depender de alguien.

Al escuchar una puerta abrirse se asustó un poco ˗aunque sus facciones no lo dejaron ver de esa manera˗ acostumbrado al silencio que reinaba. Detuvo su andar por mera inercia, sus ojos carmines se clavaron indiferentemente el lugar donde venía el ruido y al ver al individuo que salía arrugó levemente el entrecejo, su primera impresión fue ver que era un poco más alto, tenía un aspecto algo intimidante, no le agradó desde aquel momento, sobre todo porque era más alto que su grandiosa persona. Se le cruzó vagamente la posibilidad de pedirle alguna indicación, para luego deshechar ese pensamiento, eso era bastante patético de su parte.

Spoiler:
Perdón por la tardanza, Eli, no tenía tiempo, enserio ;n; E ignora mi fail starter, tampoco tenía muchas opciones para comenzar (?)
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Gilbert Weillschmidt
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Re: La gente genial no pide ayuda [Priv. Iván]

Mensaje por Iván Braginski el Sáb Feb 09, 2013 6:22 am

Desde el mismo momento en el que despertó supo que iba a tener un buen día, y sus sospechas no hicieron más que confirmarse cuando, tras haber realizado su rutina matinal diaria, se dispuso a salir del edificio de los dormitorios y pudo ver que habían algunas nubes en el cielo y que el día iba a ser sombrío.

Era curioso como, a pesar de que odiaba el frío y todo lo que lo acarreara, amara los días como aquel. No había nada mejor que ver negras y, en cierto sentido, malévolas nubes acompañadas de una suave brisa. Todo habría mejorado si, en vez de haber un ambiente más bien helado, fuera uno cálido, como las pequeñas tormentas que hay en los días de verano y que se van con la misma prontitud con la que llegan.

Metió las manos en los bolsillos de su largo abrigo y encogió un poco el cuello, consiguiendo que la mitad de su cara quedase cubierta por su inseparable bufanda, buscando el calor que le acarreaba siempre.

Al llegar al campus y ver que estaba prácticamente desierto, sacó uno de los brazos que tenía en la ropa y miró el reloj de mano que se había acostumbrado a llevar. Faltaba más de una hora para el comienzo de las clases.

Decidió, pues, dedicarse a dar un rápido recorrido por las salas. Le resultaba bastante curioso que hubiesen juntado las dos secciones de la Academia de buenas a primeras, y hasta ahora no había tenido tiempo para ver lo que había nuevo. Por supuesto que sabía lo principal, el que hubiesen alargado los dos edificios en los que se impartían clases era un hecho que todos conocían, al igual de la destrucción del muro que separaba la sección femenina de la masculina, pero ahí se iban todos sus conocimientos.

Debido a que nunca le había interesado demasiado lo que pasaba al otro lado de la UA, no había intentado, al igual que muchos de sus compañeros, cruzar la frontera y visitar a las chicas, y no es que fuera porque no le interesaran las alumnas féminas, o las mujeres en general, como pasaría en el caso de su hermanastro - porque, por mucho que el chico asegurara sin cansancio que no era cierto, se le notaba a leguas que la dirección a la que apuntaba no era la de la mayoría de los hombres, ni siquiera la suya-. Las chicas le interesaban, bastante en realidad, pero nunca había sentido aquella... ¿cómo la llamaban? Aquella atracción sexual de la que tantos hablaban. Sabía que también le iban los muchachos, y, contrario al recién mencionado, él no se preocupaba en esconderlo, pero sentía lo mismo que por las chicas. Nada.

Tal vez era asexual y no lo sabía, era lo que pensó hasta hacía poco tiempo. Sin embargo esa teoría también fue abolida al encontrar mientras hurgaba como quien no quiere la cosa en internet un par de vídeos que le... llamaron la atención. Al sentir cómo, por primera vez en su existencia, algo despertaba ahí abajo, lo comprobó. No era frígido, pero también estaba consciente de que no fueron las personas las que le pusieron en ese estado, sino que la situación en sí. Un adolescente viendo porno por primera vez, era normal, ¿no es cierto?

En cualquier caso, siguió con su pequeña caminata. Entrando en clases en las que no había estado antes, visitando diferentes clubes - inscribiéndose en uno de ellos al paso, por cierto - e inspeccionando las novedades, comprobando que lo que formaba parte de su vieja sección seguía ahí o que había cambiado de lugar. En menos de media hora ya había acabado de memorizarlos todos.

Se dispuso a salir de la sala en la que estaba - su clase, de hecho, en la que había dejado su material escolar para no tener que seguir cargando con él por todos sitios - cuando vio algo extraño frente a la puerta. Un pollito amarillo sobre una cabeza de color clarito, casi blanca. Bajó la mirada y vio a una persona a la que no conocía. Se quedó mirándole fijamente a la cara durante un momento, con su típica expresión risueña, analizándole. Al ver el contraste que había entre el tono de su cabello y sus ojos rojizos, inmediatamente lo asoció a un pequeño y adorable conejillo, ensanchó la sonrisa más que nada por costumbre que por otra cosa. - Privet~. - Saludó sin moverse de delante de la puerta, sin reparar en que estaba abarcándola en su totalidad e impidiendo que el otro entrara en caso de desearlo.

Spoiler:
Siento la tardanza, como ya sabrás he estado teniendo un par de dificultades accediendo al ordenador últimamente. Te compensaré como quieras *guiño guiño* ;D (?)
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Iván Braginski
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